Mi adiós a la revista Salto al reverso

:)

🙂

Resultados finales del crowdfunding
Termina la revista Salto al reverso

Nunca he amado tanto un proyecto como Salto al reverso, ni nada me ha hecho sentir tan orgullosa de mí misma como editar su revista. Son innumerables las satisfacciones que me ha proporcionado crearla y editarla, y también las lecciones que me ha dado.

Ni siquiera fue mi idea. En el consejo editorial (allá a inicios de 2014) dijeron: «¿Por qué no hacemos una revista?» Y yo dije: «Ok, si alguien más se hace cargo de ella porque yo no tengo tiempo» (Ja ja ja). Pero tuve el tiempo y me hice cargo. El tiempo sale de entre las piedras cuando amas algo. Duermes menos, te levantas cada vez más temprano, haces espacios entre tu trabajo, también dejas cosas de lado: proyectos, familia, descanso, esparcimiento.

Estudié Comunicación y trabajé en editoriales, pero una cosa es trabajar en una revista y otra es crearla. Honestamente no tenía idea de cómo empezarla. Benjamín (Recacha) me hizo notar amablemente que necesitaba un diseñador (:P). Y yo: «¿Alguien del blog es diseñador?». Y Fiesky (Rivas) dijo: «Yo, yo la diseño». Así, sin pedir nada a cambio. Y fuimos aprendiendo él y yo. Empezamos en Photoshop, luego nos obligué a pasarnos a Indesign. Desde el principio él adoptó el proyecto como suyo y así lo ha sido. Y tuvo y ha tenido siempre una paciencia infinita para mis indicaciones y correcciones (:*). Acabó por hacer un rediseño para la cuarta revista, el cual le dio un aire mucho más profesional.

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Desde el principio, Roberto Cabral estuvo al pie del cañón, programando y enviando mensajes en las redes. Yo tampoco tenía mucha idea de cómo comenzar con eso y él me enseñó bases y herramientas que hoy en día me sirven muchísimo. Y Edwin (Colón) corregía las entradas y las obras para la revista. Me enseñó a notar errores y a sugerir cambios en el estilo. Y desde el principio de la revista, Carlos Quijano estuvo ayudando en todo, en la corrección, en el blog, en la edición, luego en las redes. Siempre estaba ahí su mano para ayudar cuando la necesitaba y hasta la fecha siempre está :). Y cómo agradecer a los miembros del consejo editorial que se leían mis interminables tratados sobre la operación de la revista y sobre los nuevos autores que debíamos o no aceptar. Reynaldo Alegría, Roberto, Manuel Alonso, Esteban Mejías, Carlos, Edwin, varios pasaron por esos primeros consejos.

Tras la segunda revista ya estaba lista para renunciar. Era demasiado trabajo (y aún no sabía que sería más y más). Puse un SOS buscando más colaboradores. Esteban se ofreció a coeditar el blog y la revista, y eso fue lo que me hizo seguir con esto. Estoy segura que sin su ofrecimiento yo hubiera tirado la toalla en aquellas fechas. Trabajamos horas y horas haciendo esas votaciones semanales del blog que nos acabaron pesando tanto, y editando las obras de la revista. Correos y correos, comentarios y correcciones aquí y allá. Trabajar con Esteban me hizo sentir que no estaba sola en el blog, en la edición de la revista, desde el primer momento en que se ofreció a ayudar. Luego se nos unió Verónica (Boletta) con su perspicacia para comentar las obras y ayudarnos a tomar decisiones. También ella estaba muy enamorada del proyecto y eso nos hacía bien. Junto con Carlos editamos las últimas revistas. Eventualmente nos fuimos cansando. La revista 7 la terminamos por milagro, agotados de la gran tarea que era revisar, debatir y corregir las obras de tantos autores. Y a pesar de eso hacíamos bromas. :’)

Luego en la revista 8, volteé a mi alrededor y había menos gente: Fiesky, Carlos haciéndose cargo de Flipboard como sieeeempre lo ha hecho, Silvina aprovechando las siestas de su nene para compartir las obras de la revista en las redes. Y también ahí estaba Donovan Rocester (Jonathan Córdova), el único al que parecía quedarle energía para luchar por la revista en esas fechas. Prácticamente pobló la revista 8 con sus obras, luego las imprimió en papel bond y anduvo en Guayaquil promocionando a Salto. Y al empezar el crowdfunding, corrió a proponerme esta y aquella estrategia, y a ayudar a difundir. Y Benjamín lanzó sus promociones (y no puedo creer que nadie tomó la oferta), y Carlos no se cansó de difundir y convencer a toda la gente que encontró en su camino para que donaran, y donaron. Y Roberto hizo videos, y a diario le hizo saber al mundo por todos los medios posibles que Salto al reverso necesitaba fondos. Y Fiesky diseñó una cantidad demente de banners, fotos, mockups, headers. Y yo también. Y él tomó sus caritas y las hizo una hermosa postal para mostrar nuestro proyecto. Y varios autores se grabaron diciendo frases, superando cualquier vergüenza ante la cámara. Héctor Ferreiro, el realizador que hizo el video para Fondeadora, lo grabó, lo editó, cortó pedacitos de sus videos para que dijeran al mismo tiempo: «Somos Salto al reverso», y no cobró nada a cambio. Y Cristina Cobos (lenguadevenus) y Roberto Herrero (Monogramo) organizaron una lectura de poesía para difundir el crowdfunding.

Fue tal el despliegue de apoyo por el proyecto que me quedé maravillada: los correos y comentarios que me mandaron autores y lectores, todos los mensajes que publicaron en Facebook en Twitter. No puedo mencionar a todas las personas que apoyaron la campaña (autores, lectores, familia, amigos, conocidos, desconocidos), pero yo leí cada línea, vi cada like, cada retuit y agradecí cada aportación desde el fondo de mi corazón. Cada cosa que hicieron por la campaña fue como una caricia de cada uno para decirme gracias. :’) Y eso no lo olvidaré nunca. Me lo quedo. Todo.

Extrañaré mucho el proyecto, esos tiempos, crear cada revista y esa colaboración conjunta. Lo extrañaré por el trabajo en sí, porque me en-can-ta editar textos y me encanta usar Indesign para maquetar, y también adoro ver como queda la obra final.

Pero lo extrañaré más por otra cosa. Había algo que me gustaba más y es por eso que voy a extrañar esos tiempos y es la razón por la cual el proyecto ya no es lo que solía ser: Extrañaré compartir la revista con todas esas personas que mencioné arriba. Eso me llenaba, me llenaba de sentido, de propósito, de ganas. Todas esas personas tan interesantes y hermosas me dejaron cada una de ellas una lección, un abrazo, una sonrisa, una motivación. Es imposible expresar cuánto les agradezco por el trabajo que hicieron, por creer en mí y, más aún, por creer en Salto, por creer en ustedes mismos. Yo creía 100% en ustedes y aún lo hago. Son capaces de todo lo que se propongan y tienen un espíritu bello, un ánimo de aportar y dar.

Dimos mucho, siento que lo dimos todo y me incluyo. Llegó un momento en que no pudimos dar más y comencé a necesitar manos y ya no había. Y necesité dinero para pagar manos y puse todo lo que me fue posible. Y necesité más. Y puse en marcha el tan planeado crowdfunding. Pese a haberlo planeado durante un año o más, siento que fue precipitado en su inicio. Lo enfoqué ‘mal’ desde el principio y nunca logré dar con la estrategia correcta para recaudar el monto necesario. Lo enfoqué mal, dicen los expertos de Fondeadora, porque lo que promocioné en la campaña no era un producto (la revista de arte y literatura), sino un proyecto (el trabajo conjunto de los autores y colaboradores). Pero ya voy a eso…

Una campaña de crowdfunding requiere de un despliegue de esfuerzos gigantesco cuando se tiene una meta tan grande: el ambicioso objetivo de convencer a 60 autores e imprimir 8000 revistas (la impresión más económica es en offset y el tiraje mínimo por cada revista es de 1000 ejemplares). ¿Por qué el tan ambicioso objetivo? Yo pensé en todo o nada. Algunos piensan que fue un error. Yo quise imprimir las 8 revistas y no 4 o imprimir una por una. Fue porque quería involucrar a todos los autores y ser justa con todos. Todos queremos ver nuestras obras impresas, lo sé: tener la revista en la mano y enseñársela a tu gente. No quise dar eso a los autores de la 1 a la 4 y negárselo a los de la 5 a la 8, por ejemplo. Quise involucrarnos a todos y ser parejos. O todo o nada. Y bueno, fue nada. 😛

Me enfoqué en las personas, en los autores y no apelé al público externo que podía estar interesado en la revista y que pudo haber fondeado más para mantenerla. Es cierto. He reflexionado sobre eso y no me arrepiento de haberlo enfocado así. Salto al reverso siempre ha sido un proyecto de personas, no de productos. Si se fijan, en este largo y disperso discurso, he hablado casi el 90% sobre personas, y 10% la revista en sí (o un porcentaje así). Las partes en que he llorado escribiendo esto son cuando hablo de las personas con quienes trabajé, no de la pena que es que una cosa material termine. Lo importante para mí es la gente. Salto es un espacio, un espacio para que compartan sus obras. Y mi deseo es ayudarles a promocionar sus obras, a llegar a más público, ya sea por medio de un blog, de una revista, de las redes. Por medio. Estas cosas son un medio. La revista fue un medio. Lo importante son las obras y lo que cuentan de sus autores; lo importante era leerlas y admirarlas y conmoverse; lo importante era trabajar juntos por un objetivo. Lo importante era el proyecto.

Nunca tuve el deseo de tener la revista más leída en España, Latinoamérica o México (y bueno, ja ja, ya sé que no es posible), ni tampoco crear un negocio a partir de esto. No quiero un centavo, se los aseguro. Solo quería no estar metiendo mi dinero al pozo sin fondo. Y no diré desperdiciar mi tiempo porque jamás fue un desperdicio, jamás, jamás. Quería seguir, pero sin esclavizarme horas. Solo quería que el proyecto se costeara a sí mismo. Pero ahora que lo pienso, ¿qué sería el proyecto sin la gente que lo amó? Si yo le pagara a alguien, como lo he hecho ya, por hacerse cargo de esto o aquello, no sería lo mismo, no lo es. De verdad, no lo es. Si tuviera fondos y un ejército de colaboradores, y un producto hermoso que comercializar (porque la revista ciertamente es hermosa, en su diseño, en sus contenidos, sus obras son hermosas), pero no tuviera alma, ¿para qué? No tendría nada importante. Prefiero no tener nada. Prefiero quedarme con lo que tuvimos.

Tampoco estoy interesada en promover las obras de 60 autores si a la gran mayoría no le interesa el proyecto. Eso es claramente la parte que me dolió del crowdfunding, siendo honesta, la parte que me desanimó. El bajo nivel de reacción. Y eso debí haberlo previsto. Quizás confié demasiado y no di razones para que a todos les importara el proyecto al mismo nivel. Son los fallos que tuve como estratega y promotora de esto. No es mi fuerte la creación de un producto comercializable o la recaudación de fondos, ya lo vimos. No soy buena mercadóloga. Y bueno, tampoco quiero ese rumbo para Salto.

Para Salto, ofrezco mis capacidades de crear una comunidad, de promover, de organizar. Si eso atrae a autores comprometidos, bienvenidos. Yo espero seguir sirviéndoles en ello, en darles el limitado pero comprometido impulso que Salto al reverso ofrece a sus autores, a su obras y a sus proyectos artísticos.

No me duele que termine la revista. Es decir, no me duele demasiado. Aprendí tanto de este proyecto que no hay manera de que duela algo tan hermoso. Tuve la oportunidad de crear desde cero una revista, de aprender todo, desde diseño, maquetación, contacto con autores, edición, corrección de estilo. Aprendí cómo preparar todos los archivos para impresión. Meses enteros pasé convirtiendo imágenes al perfil de color y resolución adecuadas, meses maquetando correctamente las páginas (y aún tienen algunas fallas…). No hay forma de agradecer a todos por haberme permitido hacer esto, por postular sus obras y por dejarme que las corrigiera y las editara, por permitirme organizar este proyecto, por confiar en mí, sobre todo, por confiar en mí. Hace 4 años no conocía a nadie de ustedes. Y sin conocerme confiaron en mí. Y me dieron impulso, todos, para crear una revista de arte y literatura. Yo. Una revista. :’) Aunque solo haya durado ocho números, qué maravillosa experiencia profesional, qué maravillosa experiencia de vida.

El que se termine no significa que renuncie a mi sueños, ni estoy devastada ni nada por el estilo. Más bien me hace darme cuenta de que puedo hacer cualquier cosa. Y que hay que hacerla como va, sin planear mucho, sin dudarlo mucho. Estoy, si acaso, más decidida. Gané muchísimo aprendizaje que ya he aplicado en lo profesional, gané un socio de negocios, y me llevo la amistad de muchos de ustedes y las bases para futuros proyectos.

Sí, me desanimé (mucho) a la mitad del crowdfunding y luego me recuperé. Y hoy estoy muy agradecida, y muy cansada. Con ganas de descansar. No tengo de momento ganas de hacer una sola revista más. Pero ya veremos lo que pasa. Tengo mil proyectos en la cabeza, algunos personales y otros profesionales, algunos solo míos y algunos que involucran a más personas. Todos ellos los había pospuesto por la revista. Doy la bienvenida al nuevo tiempo libre que tendré para llevarlos a cabo.

Deseo que el blog de Salto continúe, si aún hay autores interesados en seguir. Creo que en algún punto perdió la chispa, pero podemos recuperarla. Creo que el enfoque excesivo en la revista robó mucha de mi atención hacia el blog. Estoy segura de que podemos hacerlo más participativo y más divertido para los lectores. Mi mente ya está pensando en nuevas maneras y actividades, pero necesito un descanso y lo tomaré por primera vez desde que comenzó Salto.

No suelo hablar tanto de mí, pero esta vez necesitaba hacerlo. Me importaba mucho, pero mucho, la revista. Es agridulce decirle adiós, pero me voy totalmente orgullosa y agradecida.

Y no me canso de decir a todos los que participaron en ella: ¡Mil gracias!

Los dejo con las obras que publiqué en los ocho números de la revista. Un abrazo a todos.

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31 comentarios en “Mi adiós a la revista Salto al reverso

  1. Eres una campeona. Como te he dicho antes, gracias por todo lo que me enseñaste. Un abrazo a los que ayudaron a corregir mis errores. No creo que haya nada de lo que tengas que arrepentirte, porque lo que has hecho, lo has hecho con el corazón. Gracias por cuidar de tus autores y artistas. Mil bendiciones y éxitos en tu vida.

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  2. Estimada Carla,
    me permito escribirte esta carta abierta (que iba a ser un correo personal, pero al fin y al cabo ¡qué más da! y ¡que se entere todo el mundo!).
    Me disponía, desde bien temprano como perfectamente lo explicas cuando mencionas todas tus actividades visibles y no visibles para el resto, a dar la vuelta a los correos, contestar, intentar mover las redes y a intentar no detenerme demasiado en espacios ajenos para poder apagar el ordenador y descansar o sacar un rato para mis proyectos cuando vi tu entrada.

    Es un sentimiento extraño el que puedo sentir ahora mismo, o más bien la mezcla de un montón de ellos. Entre la tristeza y la incomprensión, el enfado y la impotencia…

    Me apena constatar que una parte mínima de los “implicados” se haya implicado con el proyecto, me enfada comprobar que un fenómeno que voy notando hace meses es realmente como lo intuía. Con la multiplicación de espacios colectivos (y vulgares espejismos de ellos tipo grupos en los que todo el mundo publica (cualquier cosa) y nadie lee) estamos claramente perdiendo los valores de comunidad y trabajo colectivo pero sobretodo estamos perdiendo los espacios más valiosos y Salto al reverso es sin lugar a duda uno de ellos.

    ¡Qué fácil resulta sembrar y multiplicar publicaciones en espacios colectivos y luego olvidarse de ellos! ¡Qué fácil es pensar que la maquina rodará sola y podrás aprovecharte de ella mientras uno (o cuatro) reman para que no se muera!

    Llevo todo el verano asistiendo al cierre de espacios (virtuales y físicos) colectivos que merecían la pena y el mismo tiempo planteándome un giro para “la Poesía no muerde” con el fin de no llegar al punto de no retorno… Pero ¿sabes qué? me niego a pensar que “Salto al Reverso” pueda cerrar sus puertas. Como se diría en francés « Il ne faut pas jeter bébé avec l’eau du bain » (No hay que tirar al bebé con el agua del baño: Deshazte del agua turbia pero quédate con lo que pariste… 😉 ) A mí se me ocurre que una revista 9 con “Lo mejor de “Salto al Reverso” podría merecer la pena (Y ya puestos que se imprima con lo recaudado), pero es una ocurrencia mía y entiendo que el cansancio físico y mental quizás no te lo permitan, al menos no por ahora.

    Te diría y contaría miles de cosas más, pero no quisiera aburrirte, sólo permíteme felicitarte una vez más por tu destacable labor y excelente trabajo, felicitar al núcleo de Salto al Reverso por lo mismo y lamentar esta posible gran pérdida para la poesía, sus autores y los que siguen trabajando por AMOR AL ARTE.
    Mi más fuerte y sentido abrazo.

    Hélène

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    • Oh, Hélène. Bienvenida la carta abierta. Gracias. Más que nadie yo sé que me entiendes. Te admiro porque te he visto trabajar intensamente en tu proyecto y sacarlo adelante.

      Agradezco tus palabras y tus sentimientos hacia el proyecto. Sí, coincido contigo. A veces la gente es muy crítica con los creadores de espacios colectivos como los nuestros. Cuestionan las reglas de selección o que no se deje entrar a todo el mundo. Pero es precisamente por eso. Cuando uno deja entrar a demasiados autores a un proyecto de difusión literaria o artística sin fines de lucro, pasa justamente eso: que la gente no comprometida aprovecha el espacio pero sin preguntarse quién lo dirige (voluntariamente). Como tú dices, pensando que la máquina rodará sola y que esos uno o cuatro que la dirigen de alguna manera tienen la obligación de hacerlo.

      Veo ahora que el crecimiento de estos espacios debe ser limitado si es que van a carecer de recursos. Así es lamentablemente, debemos limitarlo para mantener solamente a la gente verdaderamente comprometida y que responderá en caso de pedírselo ayuda o colaboración. En el caso de Salto, estimo este número en 20 o 30 personas máximo. 60 fue una exageración. Quise hacer crecer más el proyecto y unir nuevos talentos pero sin que supieran realmente qué es Salto (o quizás lo supieron y dejó de importarles), y eso no es lo recomendable.

      Yo no cerraré este espacio. Nació como un blog y no dejará de serlo. Seguiré manteniéndolo activo para aquellos autores interesados y comprometidos. Sin embargo, una revista es un esfuerzo muy superior, tú ya lo sabes. Implica una labor demandante, que ya he descrito arriba. Muchos me han dicho que no me rinda, que no tire la toalla, que no renuncie a mis sueños. Esas frases me parecen excesivas. Lo que hago al cerrar la revista no es abandonar el barco, sino únicamente dejar de hacer algo que es insostenible, tanto para mi bolsillo, como para mi tiempo, como para mi salud. Salto seguirá como blog y veremos qué pasa en el futuro.

      Solo tiraré el agua del baño. El bebé no. El bebé lo rebautizaré no como ‘revista’ sino como ‘libros’, o no sé, ya veremos.

      Bueno, de lo recaudado todo ha sido devuelto a los que donaron. No me quedo con un solo centavo, así que no tengo ni los mínimos recursos para la 9. Si, tambien pense que la revista 9 podría ser una recopilación. Pero creo que eso es una antología, más bien, un libro. Pero sí, ahorita mi cansancio físico y más mental no me lo permiten. No tengo ninguna gana de editar una revista 9 por ahora. Me desanimé. Se me apagó el motorcito que me impulsaba (de momento). Cuida, Hélène, que no te suceda lo mismo porque tu proyecto es hermoso. Sí que hay que reenfocarlo antes de que se te vuelva insostenible. No sé en que punto estarás tú, pero
      si quieres conversar más a fondo, puedes escribirme al correo de Salto, puedo escucharte. Me encantaría escucharte.

      La poesía no muerde es un proyecto valiosísimo y te devuelvo las felicitaciones por tu labor y por lo que has creado. En lo que pueda ayudarte de verdad, no dudes en decirme. Estamos para tendernos la mano en este mundo de la promoción artística.

      Un fuerte abrazo. 🙂

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  3. También yo debo agradecerte, Carla. Por haber montado este proyecto al que quizás llegué algo tarde, pero con el que he crecido tanto al estar tan bien rodeada de tan buen@s y talentos@s artistas.
    Me encanta ser parte de él aunque ese último objetivo planteado no vea ahora la luz. Ojalá lo vea algún día…
    Espero seguir siendo partícipe de las alegrías y los éxitos que alcancemos contigo dirigiendo el timón.
    Un abrazo, Carla.

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    • Llegaste a tiempo y me alegra tanto que hayas llegado, y lo sabes. Has sido valiosísima para Salto, tu entusiasmo y tu cariño por el proyecto ha sido visible y nos ha animado a todos. Veremos que pasa en el futuro, no se sabe aún, pero me encantará tenerte a mi lado. Gracias por tus palabras y por tu apoyo en todos los medios posibles. ¡Un fuerte abrazo!

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  4. Yo también llegué algo tarde a este gran proyecto, pero me gusta pensar que llegué a ser uno de vosotros, una nueva vena surgió en mí, transmitiéndome alegría e ilusión. Desgraciadamente la revista no ha podido salir a la luz, pero aquí seguiré, al pie del cañón ofreciendo mi ayuda en todo cuanto me sea posible. Gracias por todo:)

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  5. Lamento mucho que finalmente no pudiera ser, especialmente con todo lo que habías dedicado para hacerlo realidad. Espero que salto al reverso no muera del todo, que aún queden personas como tú trabajando por sus sueños y que se contribuya como se pueda para sacar adelante lo poco que quede de él. Te deseo lo mejor Carla, que se cumplan tus proyectos.

    Al final, por haberlo hecho con amor, valió la pena el haberlo intentado.
    Mucho ánimo 🙂

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  6. Es un pena Crissanta, sé de lo que hablás; y sé lo que significa trabajar para conseguir los mejores resultados y no verlos; (trabajo en una biblioteca popular) pero hay mucha gente valiosa aquí y estoy segura que más temprano que tarde lograrán organizarse. Solo es cuestión de darse y darle tiempo a las cosas; es cierto… a veces se tardan más de lo que quisiéramos, pero también es cierto (o al menos eso creo) que las cosas se concretan cuando nos encontramos en el cruce de caminos, gente, tiempo, ganas y amor por ese proyecto. Fuerza! y a descansar; a veces son necesarios los silencios, el estarse quieto y solo observar.
    Gracias!
    Un gran abrazo!

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    • Así es, muchas gracias por leernos, por seguir y por esas hermosas palabras. Como bien dice, a veces hace falta un conjunto de circunstancias para que las cosas salgan adelante y así es, son ciclos. Te deseo mucha suerte con tu trabajo en la biblioteca, qué hermoso. A recuperar fuerzas ahora 🙂 ¡Un abrazo!

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